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lunes, mayo 27, 2024
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«Siento que ni la fiscal, ni tan siquiera el juez, han mirado mi caso»; el testimonio de una joven de Elche, víctima de violencia de género

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Paula, una joven ilicitana de 23 años, ha denunciado en el programa Hoy por Hoy Elche de Jéssica Aniorte la inseguridad judicial que ha experimentado durante todo el proceso penal en el que denunciaba agresiones físicas y psicológicas por parte de su expareja.

Según el testimonio de la víctima, ni para el fiscal ni para el juez fueron suficientes su propia declaración, la de sus allegados, ni tan siquiera el informe psicológico del Centro Mujer 24 horas donde se expresa textualmente “la destacable sintomatología ansiosa y depresiva habitual en víctimas de violencia de género. Así como también la negación, minimización y consecuente normalización de los malos tratos, como recursos de afrontamiento a la violencia durante la relación”. Tampoco los mensajes en los que su expareja le amenazaba: “Como te lo tenga que decir en persona te rompo los morros” o “como me sigas tocando los huevos te lo prohíbo todo”.

Son numerosos los episodios en los que Paula evidencia malos tratos. Puñetazos, empujones y maltrato verbal como el ya mencionado, formaban parte del comportamiento diario del agresor. La única vía de escape era encerrarse en el baño o tratar de tranquilizarlo. Pero no siempre era suficiente. “Por la mañana nos levantábamos, estábamos bien, bajábamos con sus amigos y por alguna cosa ya se enfadaba, se lo guardaba, y por la tarde me pegaba. Después me pedía perdón, pero me volvía a pegar por la noche” afirma la denunciante.

Los celos y el control desmedido también eran dos de las características principales de la relación. “No me has dicho dónde estás” , “¿Quién es ese?”. Unos reproches que se saldaban con el maltrato habitual.

EL PROCESO JUDICIAL

Tras la denuncia, a Paula se le asigna una abogada de oficio. Al tratarse de un delito continuado, la instrucción se divide en dos vías: una por menores de edad y otra por mayores, ya que el acusado no tenía la mayoría de edad durante el gran transcurso de la relación.

Como medida cautelar a Paula se le dictamina una orden de alejamiento de 500 metros hasta la celebración del juicio. Incomprensiblemente, el proceso se alarga y acaba celebrándose 4 años después. Algo que habitualmente no ocurre. En este tipo de casos, la consigna es tratarlos con la mayor rapidez posible. El objetivo es salvaguardar de la mejor forma posible la condición de la víctima.

Después de este largo periodo de tiempo y tras la celebración del juicio, el acusado acaba siendo absuelto de todos los cargos. Un hecho, que Paula no entiende: “No se qué más tiene que ocurrir para que condenen a una persona por estos hechos, ¿que me maten?”.

Según los últimos datos publicados por el Ministerio de Igualdad a 6 de marzo de 2023, son 10 mujeres españolas asesinadas este año a manos de su pareja o expareja. Un total de 1192 desde que se tienen registros. Paula podría haber sido una más. Ella misma lo cuenta: “Denuncié, pero si no lo hubiese dejado, posiblemente hoy estaría muerta. He aprendido que esto va a más y cuando estás dentro es muy difícil verlo”.

Tras cuatro años, el dolor sigue. La herida no se ha cerrado. El daño moral y psicológico ya está hecho y el problema principal es que no ha tenido justificación judicial. Otorgar los medios necesarios a los profesionales encargados de tratar con este tipo de víctimas debería convertirse en una prioridad. Es importante denunciar, pero también garantizar un acompañamiento adaptado y que trate, en su justa medida, de que casos como este, en el que existe un evidente desajuste, desaparezcan del mapa español.

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