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Al-Taufik, el comedor social de Elche que lleva 16 años dando de comer a quienes más lo necesitan

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Ahmed Tarrouk y María Eugenia Bermúdez impulsaron un proyecto que nació en 1998 para ayudar a personas sin hogar y que hoy ofrece comidas seis días a la semana.

La historia del comedor social Al-Taufik de Elche empezó mucho antes de que abriera sus puertas. En 1998, Ahmed Tarrouk y María Eugenia Bermúdez, ya preparaban comida en casa para llevarla a las personas que dormían en la calle. Años después, en 2004, pusieron en marcha un piso de acogida para seis personas, donde ofrecían desayuno, comida y cena.

Con el tiempo, se dieron cuenta de que cada vez acudía más gente que necesitaba algo tan básico como un plato de comida. Así surgió la idea de abrir el comedor social, que comenzó a funcionar en 2010. La crisis económica les obligó a tomar una decisión difícil: mantener el piso de acogida o centrarse en las comidas. Eligieron lo segundo para poder llegar a más personas.

En esta historia ha sido fundamental María Eugenia Bermúdez, una de las impulsoras del comedor. Durante años se ha encargado de la cocina, de la economía y de planificar los menús. Aunque ya está jubilada, sigue acudiendo como voluntaria y colaborando en el día a día. La planificación también depende de los alimentos que reciben a diario de Mercadona, que les permiten adaptar los menús y aprovechar los productos donados. Una ayuda importante para mantener el servicio durante todo el año y atender a tantas personas.

Durante la pandemia, llegaron a repartir hasta 370 comidas al día. Desde entonces, la cifra ha ido bajando y este año han cambiado el sistema de acceso, con la entrega de números entre las nueve y media y las diez y media de la mañana. Ahmed asegura que han notado una reducción importante de la afluencia, aunque recuerda que todavía hay personas que necesitan recurrir al comedor para salir adelante.

También ha cambiado el perfil de quienes acuden. Según su responsable, si antes la mayoría eran españoles, ahora representan aproximadamente la mitad de los usuarios, mientras que la otra mitad son personas inmigrantes de distintas procedencias.

Pero en Al-Taufik no solo importa llenar los platos. María Eugenia explica que algunas personas llegan afectadas anímicamente por haber perdido el trabajo o por encontrarse en una situación económica que nunca habían vivido. Por eso, además de ofrecerles comida, intentan que se sientan acompañadas. “Se les pregunta, se habla, se ríe un poquito. El trato hace que sea como más familiar”, cuenta. Un ambiente cercano que, asegura, los usuarios agradecen.

La labor del comedor va más allá de servir comidas. Con los alimentos que no necesitan para preparar los menús, Ahmed organiza repartos para otras personas que también atraviesan dificultades. Además, cuentan con la colaboración del Ayuntamiento y del Club Rotary, que financia la paella de los domingos. En total, ofrecen comida seis días a la semana y cuentan con tres trabajadores contratados.

Al-Taufik significa, según explica Ahmed, «puerta abierta». Una idea que resume el espíritu con el que nació el comedor y que sigue presente en su día a día. Aunque su labor se ha dado a conocer recientemente a través de una entrevista difundida en redes sociales, Ahmed asegura que nunca han buscado publicidad. Para él, ayudar a los demás es algo que se hace de corazón, sin necesidad de contarlo.

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