El Elche CF de los últimos años ha destacado por la voluntad de someter al rival a través de la posesión. Desde la llegada de Beccacece, la línea escogida por Bragarnik es ‘a priori’ continuista. Después del entrenador argentino, llegó Sarabia y ahora es el turno de Martín Anselmi. El juego posicional ya vivió una evolución con el técnico vasco a los mandos del cuadro franjiverde, pero con el rosarino el cambio está llegando a su forma definitiva. Sea por circunstancias de los propios partidos, como la expulsión a Fede Redondo ante el Espanyol, o no… siete de los últimos ocho puntos sumados llevan la misma premisa consigo: los ilicitanos consiguen resultados teniendo menos posesión que su rival.
El actual preparador del cuadro franjiverde inició la temporada con la idea de ser muy superior a los contrarios controlando el esférico. No obstante, la idea de competir, con todo lo que ello conlleva, siempre ha estado presente.
Los primeros resultados no fueron nada positivos para el Elche CF. El equipo, por momentos, estaba roto. Es cierto que se le venían maneras con la presión alta, los ataques rápidos, la línea defensiva adelantada… Sin embargo, eso solo hizo que los ilicitanos, que cometieron muchos errores individuales, perdiesen confianza con el paso de las jornadas. Ese método exige una calidad quirúrgica propia de la élite, algo que no se le puede pedir a un equipo con un presupuesto limitado en comparación a otros modelos futbolísticos.
El fallo no estaba en la forma, si no en la adaptación a la plantilla. Para el partido contra el Athletic Club de hace unas cuantas semanas, Martín Anselmi reaccionó. El argentino aprovechó su capacidad de leer las situaciones para modificar su planteamiento.
En San Mamés ya se notó un cambio. El Elche no encajaba tantos goles, había seguridad defensiva. Pese a que las bases era semejantes, la manera de hacerles frente se volvió más reactiva que proactiva.
Los ilicitanos suman 10 puntos en lo que llevamos de curso, de los cuales ocho han sido en las últimas cuatro jornadas. Las últimas citas en clave franjiverde, a excepción del partido contra el Celta de Vigo donde los de Giráldez llegaron al Martínez Valero a encerrarse atrás, tienen un concepto en común. El equipo de Martín Anselmi tuvo menos posesión que todos sus rivales.
En primer lugar, contra el Espanyol, si bien es cierto que todo sucedió a raíz de la temprana expulsión de Fede Redondo, el conjunto ilicitano supo juntar líneas para salir al contraataque (34% de posesión).
Dinámica que se repitió contra el Villarreal (42% de posesión). El submarino amarillo prácticamente no generó nada durante el segundo tiempo, de hecho, el polémico agarrón sobre Revivo le salvó de caer derrotado. Por último, contra el Rayo Vallecano, la tendencia fue clara desde el inicio. Los de Beñat San José entraron con todo, pero el Elche le ganó la batalla sin dominar terrenalmente (43% de posesión). Lemar como estandarte principal, Morcillo, Gonzalo en primera instancia y Buonanotte en la segunda mitad controlaron perfectamente los tiempos.
El Elche no juega al contraataque, pero tampoco trata de encerrar sus rivales. La polifuncionalidad de los ilicitanos para jugar arriba o competir en defensa hace que los ilicitanos crezcan. Esa versatilidad no se podría conseguir sin una plantilla en la que todos están enchufados. Tras el mercado de verano, puede que faltasen piezas, pero Martín Anselmi y los propios jugadores han hecho que en este momento la palabra «crecer» sea la que mejor define el momento actual de los suyos.
Nada igual desde 2021
La comparación con el Elche de la temporada 2021/22 permite poner cifras a esta evolución. Aquel equipo, que terminó la competición en la decimotercera posición con 42 puntos, también fue capaz de sumar sin dominar el balón. El ejemplo más significativo llegó en el Santiago Bernabéu, donde los franjiverdes empataron a dos frente al Real Madrid con un 35 % de posesión. También consiguieron imponerse al Villarreal por 1-0 con un 49 % y al Rayo Vallecano por 2-1 con un 44 %. Son tres escenarios distintos que reflejan una misma idea: el Elche podía competir cediendo la iniciativa, sin que eso le impidiera sacar adelante partidos ante rivales de entidad. La posesión, por tanto, nunca ha sido una condición indispensable para puntuar en el Martínez Valero.
La diferencia con el momento actual está en la intención y en la forma de interpretar los partidos. El Elche de 2021/22 ya demostró que podía obtener resultados sin controlar el esférico, pero la propuesta de Martín Anselmi busca convertir esa capacidad de adaptación en una herramienta estructural. Los encuentros recientes ante el Espanyol, el Villarreal y el Rayo Vallecano apuntan en esa dirección: menos posesión, mayor atención al orden defensivo y capacidad para aprovechar los espacios. La estadística no demuestra por sí sola que un modelo sea superior al otro, pero sí permite identificar una tendencia que conecta ambas etapas. El Elche puede crecer con el balón, pero también ha demostrado que sabe imponerse cuando lo tiene el rival.




